

Estas imagenes fueron prohibidas en la televicion Norte Americana

En esta clase se concientiza a los mandos para el cumplimiento de las ordenes que se imparten.
Judy Clarke: Los mercenarios toman IRAK
"Fue un tiro al azar", dice Gary Jackson, en una más que simbólica metáfora sobre su decisión de crear en 1998 la empresa Black-water. Entonces, el negocio de la guerra no era una apuesta segura, pero los fundadores de esta compañía con sede en Moyock, Carolina del Norte, ya vislumbraban por dónde 'iban Ios tiros'. Durante la guerra del Golfo, el Pentágono había comenzado a sustituir tropas por contratas privadas y encargaba a empresas civiles el apoyo logístico de los soldados en el frente. Jackson y sus socios vieron el negocio: muchas de las labores que tradicionalmente desempeñaban las tropas uniformadas se privatizarían en los siguientes años. Así que ellos se ofrecían como empresa para el abastecimiento y entrenamiento de militares y para la protección de edificios del Gobierno en todo el mundo. El negocio iba a ritmo lento, pero seguro, hasta el 11 de septiembre de 2001, cuando se disparó en dirección contraria a las Torres Gemelas. Mientras los edificios caían, empresas como Blackwater, DynCorp, Kroll, Halliburton... alcanzaban cifras astronómicas en su cuenta de resultados al convertirse en las proveedoras de material, conocimiento y, lo más sorprendente, soldados 'civiles'.
En la actualidad, en Irak trabajan cerca de 20.000 de estos soldados de más de 20 nacionalidades, lo que significa que hay un mercenario por cada nueve soldados. En la primera guerra del Golfo, en 1991, esta proporción alcanzó un máximo de uno a cien. En conjunto, constituyen el segundo contingente más importante de todos los que la coalición encabezada por Estados Unidos tiene destacados en Irak; su número de efectivos sólo es superado por los norteamericanos y está muy por encima de la cifra de británicos.
La Convención de Ginebra prohíbe expresamente el empleo de mercenarios, soldados de fortuna que luchan a título personal por dinero, de modo que las compañías privadas que ofrecen este tipo de servicios tienen mucho cuidado de no utilizar el término. Ellos trabajan para el Gobierno norteamericano y se autodefinen como "expertos en soluciones" que trabajan en "seguridad".
Estos soldados privados que operan en Irak están empleados por una veintena de empresas militares norteamericanas, las llamadas Private Military Contractors (PMC en sus siglas inglesas; Contratistas Militares Privados), que consiguen sus contratos directamente del Pentágono. En el caso de Irak, los mercenarios pueden llegar a cobrar hasta 350.000 dólares al año en función de la peligrosidad del trabajo. Sin embargo, esta elevada remuneración va asociada a unos riesgos considerables.
Cada vez es más frecuente que los empleados de las PMC sean secuestrados o asesinados. Una cuarentena fueron secuestrados en dos semanas en Irak. El caso más conocido es el de los cuatro italianos que habían sido contratados por la compañía norteamericana DTS LLC Security, uno de los cuales, Fabrizio Quatrocchi, fue ejecutado por las autodenominadas Brigadas Verdes de Mahoma el 14 de abril. Poco antes, a finales de marzo, una multitud enfurecida arrastró los cuerpos mutilados de cuatro norteamericanos por las calles de Faluya y acabó colgándolos de un puente. Los fallecidos habían sido contratados por la empresa militar Blackwater. Otra compañía del sector, Halliburton, declaró a mediados de abril que 30 de sus empleados civiles habían muerto en Irak. La mayoría de ellos, como el conductor Thomas Hamill, trabaja para una filial, Kellogg Brown & Root (KBR), la mayor empresa militar de Estados Unidos. Junto con Hamill, desaparecieron otros siete empleados civiles de KBR.
La otra gran firma americana especializada en contratos de alto riesgo para el Pentágono y el Departamento de Estado es DynCorp International, que un mes después de que las tropas de Estados Unidos ocuparan Bagdad ya había firmado un contrato de 50 millones de dólares para encargarse de la formación de la Policía iraquí. Para ello, DynCorp contrató a unos 1.000 policías americanos que se trasladaron a Irak. La paga era buena: 155.000 dólares al año, la mayoría de ellos libres de impuestos, y los gastos totalmente cubiertos. Pero no son los que más cobran: un consultor de seguridad con experiencia puede hacer 250.000 dólares al año. Blackwater tiene 400 empleados en Irak que cobran una media de 1.200 euros al día. El problema, por lo tanto, no es encontrar a gente, sino dar con la persona adecuada.
"Poder llevar un arma automática en un país del Tercer Mundo sin una autoridad que te controle es un imán para los buscadores compulsivos del peligro", comenta el periodista de Esquire Tucker Carlson, quien pudo convivir con los empleados de DynCorp en Irak. Aunque asegura que compañías como ésa filtran mucho a su personal, sobre todo para evitar problemas y la mala publicidad que conllevan, admite que con la cantidad de millones de dólares destinados por el Gobierno americano a las compañías de reconstrucción, el filtro en los ultimos meses no ha sido muy efectivo. Carlson relata varios incidentes, algunos protagonizados por los kurdos que subcontrata DynCorp para ayudarlos en los controles y otros, por presuntos ex soldados con más alcohol que principios, como un tal Richard, empleado de una empresa de seguridad que se atribuye haber sido miembro del cuerpo de élite del Ejército británico. Días después, el tipo mata al hombre al que debía proteger, presuntamente por un accidente en su arma automática. No había servido nunca en el SAS. "Hay civiles cargando armas en Irak que no deberían llevarlas", concluye Carlson.
Sin embargo, cada día serán más los que las lleven si sigue adelante la estrategia de la Administración Bush para privatizar el Ejército. La estrategia no es nueva. En 1992, Richard Cheney, por entonces secretario de Defensa de la Administración de George Bush padre, encargó a la empresa Brown & Root un proyecto de privatización. Todas las tareas militares, hasta el mismo núcleo de una unidad combatiente, debían organizarse de acuerdo con principios económicos. Entre 1994 y 2001, el Ministerio de Defensa de Estados Unidos firmó más de 3.000 contratos por valor de más de 300.000 millones de dólares con 12 empresas militares privadas. Las más favorecidas fueron las empresas Booz Allen Hamilton y KBR, filial de Halliburton, la empresa la dirigió durante cinco años Richard Cheney, ahora vicepresidente.
Según las investigaciones de los analistas financieros Equitable Services, las cien mayores empresas del sector han tenido una facturación de más de 100.000 millones de dólares. Para el año 2010 podrían ser más de 200.000 millones. "El mercado de las empresas de servicios militares crecerá a largo plazo más de un ocho por ciento anual", afirma Peter Singer, especialista en asuntos militares de la Brookings Institution de Washington. "Los norteamericanos no podrán Ilevar a cabo futuras guerras sin contar con las empresas de servicios militares". De los cerca de 4.000 millones de dólares mensuales que cuesta la guerra y ocupación de Irak, cerca del 30 por ciento acaba en las arcas de las empresas privadas.
Pero, además, al amenazante poder económico de estas compañías se une el vacío legal para controlar su gestión. "No están sometidos a ninguna legislación específica, si acaso sólo a las leyes de la economía de mercado, de la oferta y la demanda", afirma Singer.
La ambigüedad es tal, que incluso pone nerviosos a los contratistas privados, especialmente a los de formación militar, como Kelly McCann, un ex marine que ahora lidera uno de los grupos de DynCorp en Irak. "Si no hay parámetros, ¿cómo sé si he hecho algo mal? Esto es como el Salvaje Oeste, pero nadie es el she-riff ". El actor Sean Penn pudo dar fe de ello cuando viajó a Bagdad el año pasado en un intento de denunciar la previsible intervención militar de su país en Irak. Cuando bajaba del taxi, unos soldados civiles lo vieron y lo reconocieron. Evidentemente, no era santo de su devoción. Así que con la excusa de registrar su equipo, le tuvieron 45 minutos bajo la lluvia. "No había nada que Penn pudiese hacer -cuentan los testigos-. Ellos tenían armas y él, no. Mala suerte".
Mucho más grave es lo sucedido en Bosnia, donde dos empleados de DynCorp estuvieron implicados en un escándalo sexual. Según documentos judiciales, los empleados compraban y vendían chicas bosnias, algunas de 13 años, como esclavas sexuales. Los hombres no llegaron a ser procesados porque no había legislación. DynCorp los envió a casa y despidió a los dos empleados que habían dado la voz de alarma. En la actualidad, la empresa tiene un contrato por valor de 250 millones de dólares en Irak. Es también una de las compañías que contribuye con donaciones más generosas a las campañas electorales.
Hace ya tiempo que el lobby del sector de defensa ejerce toda su influencia en Washington. La industria del armamento destina cada año más de 30 millones de dólares a la financiación de campañas. Además, la dependencia estratégica cada vez es mayor. El 28 por ciento de los sistemas de armamento de Estados Unidos depende ya de estas empresas y Bush quiere que alcance el 50 por ciento. El Gobierno acabará siendo su 'rehén'. Y no parece que vayan a aceptar órdenes. Dave Smith, un ex soldado británico que trabaja para una empresa de seguridad, lo explica a su manera: "La diferencia entre un contratado civil y un soldado es que a mí me pagan cinco veces más y yo puedo enviarte a la mierda si no quiero hacer lo que me pides".